miércoles, 12 de marzo de 2014

Triduo a Nuestro Padre Jesus Cautivo

Una vez dada comienzo la cuaresma, la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena y Nuestro Padre Jesus Cautivo, empieza con sus actos programados durante la cuaresma.
Como viene siendo ya habitual en los últimos años, se celebrará el Triduo en Honor a Nuestro Padre Jesús Cautivo.

Tendrá lugar durante los días 14, 15 y 16 de Marzo en la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz y San Juan Bautista. La Santa Misa comenzará a las 19:00horas y con anterioridad a esta se rezará el Santo Rosario.
La Misa Mayor será el día 16 de Marzo, segundo domingo de Cuaresma, a las 19:00 horas y Nuestro Padre Jesús Cautivo quedará en Devoto Besamanos también el día 16 de Marzo en horario de: 

MAÑANA: 12:00 a 13:00
TARDE: 19:00 a 20:00

El Triduo estará presidido por el Reverendo Padre D.Ruben Villata Martín de la Leona, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz y San Juan Bautista y consiliario de nuestra Hermandad.

Aprovechamos esta oportunidad para recordar que TODOS LOS VIERNES DE CUARESMA, la IGLESIA de Nuestra Señora de la Paz y San Juan Bautista permanecerá ABIERTA, a parte de sus horarios habituales, también por la mañana en HORARIO DE 09:00 A 11:00 horas de la mañana.

La Hermandad invita a todos sus hermanos a que acompañéis a Jesús Cautivo en todos los actos en su honor y que portéis la medalla propia de la Hermandad.

El tiempo de Cuaresma es una fecha idónea para reconocer nuestros pecados y culpas y pedirle perdón a Dios por ellos, que mejor oportunidad que acompañar a Nuestro Padre Jesús Cautivo durante estos días para sentirnos más cerca de Él y pedirle ayuda en nuestro día a día.









jueves, 6 de marzo de 2014

Comienza la Cuaresma

La cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, en el cual tenemos una oportunidad para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para poder ser mejores cristianos y vivir más cerca de Jesucristo.
Durante la cuaresma, que dura 40 días desde el Miércoles de Ceniza hasta la llegada de la Semana Santa, la Iglesia nos invita a vivirla como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo buenas obras. Por ello, es un tiempo idóneo para el perdón y la reconciliación fraterna, donde aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús para llevar con alegría nuestra cruz diaria que nos llevará a la Gloria de la Resurrección.

A Continuación, el mensaje completo del Papa Francisco para la Cuaresma 2014.
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de San Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de San Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
La gracia de Cristo
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.
La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
Nuestro testimonio
Podríamos pensar que este "camino" de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.
La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad.
En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente.
Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!
Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza.
La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.
Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir
FRANCISCUS

lunes, 3 de marzo de 2014

SE FUE PARA NO MARCHAR...

Hace hoy justamente una semana en la que la Macarena llora desconsoladamente y el sol no brilla con todo su esplendor,  pues a veces las cosas llegan cuando menos te lo esperas, tan de repente sin darte tiempo para asumir lo sucedido y te das cuenta como un verde Esperanza se puede volver negro y oscuro  en las manos maniatadas de un Cautivo.
Lamentablemente, el pasado lunes vivimos una gran pérdida para esta Hermandad,  D.Agustin Delgado Hurtado, hermano mayor-presidente de nuestra Hermandad, a los 68 años de edad  nos abandonaba inesperadamente para formar parte del reino de los cielos.
La verdad es que no sé ni cómo comenzar estas líneas pues todavía me embarga la emoción, aunque creo que comenzaré con el Himno “Si morir no es despertar”
Si morir no es despertar,
si es simplemente morir,
¿para qué, muerte, vivir?,
¿para qué, muerte, empezar
esta angustia, este llorar?

Más, si eres umbral y puerta
del misterio, si honda y cierta
 aseguras mi esperanza,
¡qué cima de luz se alcanza
viviendo una vida muerta!

D.Agustín Delgado Hurtado fue uno de los fundadores de esta Hermandad que comenzó su andadura en Noviembre del año 1993, pero no fue hasta dos años más tarde,  en 1995, cuando se hizo cargo de la presidencia,  21 años al servicio de una Hermandad joven con unos comienzos muy  difíciles, pero ahí estaba él, siempre luchando por salir adelante y formar con muchísimo esfuerzo  lo que a día de hoy es la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena y Nuestro Padre Jesús Cautivo.
El pasado lunes 24 de Febrero lamentamos  su muerte como presidente de la Hermandad, pero más que como presidente, lamentamos la muerte de una persona entrañable, amigo de sus amigos, generoso con el necesitado, con un corazón enorme  pues jamás se le había escuchado decir por su boca nada malo de nadie (por muy enfadado que estuviera) y  sobretodo era un apasionado y un luchador de la Semana Santa de su pueblo, … todo se queda corto para describir a este buen hombre que hoy está ya disfrutando de la presencia de Dios, pues no me cabe duda alguna que subió directamente al cielo.
A veces cuando una persona finaliza su vida siempre nos hacemos la misma pregunta “¿Por qué él?” pero pocas veces hayamos una respuesta que nos consuele tanto dolor, solo en pensar que esa persona ya disfruta de la presencia de Dios nos hace más fuerte.
Agustín, mi presi, muchas veces me decía para enfadarme “Juan Antonio el día menos pensado me voy de la Hermandad y dejo paso a las nuevas generaciones” yo le regañaba y le decía que no podía hacer eso, que tenía que ser el presidente toda su vida hasta que Dios quisiera,  y en efecto  así fue, siendo presidente nos dejó, y quien nos iba a decir que sería de una manera tan trágica.
Pese a la triste noticia de su fallecimiento, el cual fue amargo y simple a la vez debido a un ataque al corazón en mitad de la calle,  la vida nos enseñó aquel día que había que vivirla hasta el último momento pues unas horas antes, Agustín  peregrinaba hasta la Basílica de la Esperanza Macarena en Sevilla, junto a otras 225 personas más, lugar donde obtuvo la Indulgencia Plenaria y sin saberlo, eso se convirtió un día más tarde en la llave que le abriría las puertas del cielo.
Ahora me dirijo personalmente  solo a ti Agustín, gracias por confiar y apostar en mí para formar parte de tu Hermandad, gracias por traer la devoción a tu barrio, un barrio el cual lloró amargamente tu partida de este mundo, gracias por acercarme a ellos a tus tan queridas imágenes, un Cautivo con una presencia impotente con unas manos que perdonan todo y una Macarena con una mirada amarga que suplica Esperanza al ver el sufrimiento de sus hijos. GRACIAS POR TODO AGUSTÍN.
Por ti replicaron las campanas de la Iglesia y por ti lloró todo el pueblo al verte salir a hombros por tus costaleros en la caja para decirnos adiós por última vez y aunque nos hallas dejado huérfanos y ya no te veamos nunca más ni reconozcamos tu silueta en la noche del Miércoles Santo entre los nazarenos , solo nos queda el consuelo de que aquello que tanto venerabas en la tierra y que tanto amor le tenias, ahora por fin estás a su lado disfrutando de su presencia, de tu Esperanza Macarena.

DESCANSA EN PAZ AGUSTÍN DELGADO HURTADO QUE TU ALMA SE LLENE DE LA GLORIA DE DIOS.


Te dedico la marcha procesional de Semana Santa "MACARENA" y cada vez que suene en la noche del Miércoles Santo nos acordaremos de ti, pues para todos los que te queremos siempre serás el presidente de esta Hermandad.